¡Uff! Bueno, paso por aquí para desempolvar un poco mi blog.
Que importante se vuelven las palabras cuando se convierten en un método de drenaje; y ya extrañaba escribir. Si hay algo que me ha pasado toda mi vida, es que el tiempo que le dedico a algunas cosas, que se podrían clasificar como importantes, es que me quitan tiempo para hacer cosas que de verdad me drenan y me divierten sin provocarme presiones, esas cosas que se hacen por pasión y que en algún momento podrían llegar a convertirse en importante en mi vida, como escribir.
Bueno... quizás una arregladita por acá, una limpiadita por allá, ordenar y ordenar las ideas (cosa que es difícil a veces) y creo que estoy listo para seguir desparramando letras de mi vida y de las de otros desde mi punto de vista.
Espero que así como desempolvo mi blog, me acompañen en el futuro.
Gracias
Jesús E. Duque Lamus
AKA: Jesse Duke
Saludos!
domingo, 10 de julio de 2011
martes, 3 de mayo de 2011
domingo, 24 de abril de 2011
¿La nostalgia se transforma en sonrisa?

Creo que comparto muchas veces este sentimiento, con gran cantidad de cosas que recuerdo de mi infancia y adolescencia; pero no creo que se pueda perder la curiosidad propia de un niño, aunque por supuesto si la inocencia. Quizás cuando veíamos una película de fantasía, pensábamos que sus efectos eran tan reales que no se podían creer, pero en esos tiempos dichos efectos lo eran, eran para todo el mundo reales, porque eran lo más vanguardista que existía.
Puede que mucha de esa "niñez", por nombrarla de alguna forma, nos la han venido robando los adelantos tecnológicos, pero más aún, y en un sentido más general, la niñez nos la ha ido robando la precocidad de la sociedad de hoy en día. Si a mi Freddy Krugger no me dejaba dormir por las noches, a los jóvenes de ahora les causa risa. Una amiga, mucho menor que yo, opinaba cuando vio Pesadilla en la Calle del Infierno de los 80, que lo que le causaba era risa, porque "era muy cómico". Pero al ver la nueva versión, con más sangre realista, vísceras creíbles y un actor con maquillaje que lo hacía ver inexpresivo por las quemaduras, le parecía aterrador.
Creo que la magia de las cosas que nos hacían "creer en la magia", valga la redundancia, era que nosotros las creíamos, que a nosotros nos impresionaban y nos gustaban, así que no veo el por qué dejar de sentir que son mágicas, y a pesar que las cosas ahora son diferentes, dejan bastante que desear desde el punto de vista creativo.
Hace un momento conversando de algo parecido por una red social, me dijeron "la edad no es la que se tiene, sino la que se siente"; y me apego también a esa idea. Yo siempre seré un niño; yo siempre creeré en la magia. Ojalá eso nunca cambie.
domingo, 13 de febrero de 2011
Cuando el río se calmó...

Mi abuela, después de luchar por mucho tiempo, nos dejó. ¿Qué pienso yo de todo esto? Pues, creo, que mi abuela se aseguró, de que su servidor se sintiera orgulloso de ella, y de todas las mujeres de mi familia, hasta el último minuto de su vida. No diré que la tristeza no me invade, pero no puedo negar tampoco, que me siento muy tranquilo, y que cada una de las cosas que durante toda mi vida, mi madre, mi abuela y el resto de mis tías y tíos nos enseñaron, de seguro nos servirán cuando nos toque luchar por la vida. ¿Qué mejor lección nos pueden haber dejado, que saber como vivir?
En estos momentos en que los ánimos, los míos y los de mi primos están bastante bajos, solo quisiera que recordaran eso. Gracias a ellos, somos lo que somos; gracias a ellos sabemos como ser una "verdadera familia". Si en algún momento, alguno llegó a cometer alguna falta, pues ya no importa mucho; lo importante es aprender, y saber que ahora es cuando más se necesita que todos estén unidos.
Cuando mi mamá murió, una de mis adoradas tías me recordó, en un momento de tristeza, que no debía de estar tan triste porque mi mamá se había ido, sino que por el contrario, debería pensar que su vida fue maravillosa: en su juventud, siempre fue la más bonita, la más alegre, la más querida, la más independiente y la más luchadora; que cuando necesitó formar un hogar, lo hizo y lo levantó con gran esfuerzo y sufrimiento, pero siempre con una sonrisa; que luchó y fue más fuerte que una enfermedad que pudo haber acabado con cualquiera, ayudando a quienes también la tenían a creer en ellos mismos, ya que era la única forma de salvarse; y que no se fue, sino hasta que yo, su hijo, ya era un hombre de bien, formado y con su mismo carácter y temperamento. No creo tener las mismas cualidades de mi madre, ya que creo que fue única, pero algo le aprendí.
Ahí es cuando nos ponemos a pensar en la enigmática pregunta a la que muchos pensamos no tiene respuesta: ¿Cuál es nuestra función en la vida? Por lo que he aprendido, creo que nuestra misión en este mundo, sencillamente es vivir, e intentar irnos cuando pensemos que ya no podemos hacer más, ni por nosotros ni por los demás; cuando estemos tranquilos.
No decaigamos en nuestras vidas primos, más bien demostremos que somos aunque sea un poquito de lo que ellos fueron, de lo que nos enseñaron, y sigamos adelante tratando de estar tan juntos como ellos lo estuvieron siempre, a pesar de las distancias. Tampoco vayamos a caer en cualquier error en el que ellos cayeran, y que por un momento llegó a separarlos. Los quiero mucho a todos, y espero que estemos juntos hasta que el día que me toque irme, llegue.
P.D.: No me gusta escribir de forma tan personal, pero creí necesario resumir en estas líneas, muchas cosas que quería decirles a mis familiares en estos momentos difíciles.
viernes, 4 de febrero de 2011
"Feliz" año nuevo... familia?

Se habrán dado cuenta que este blog estuvo abandonado por algún tiempo, y es que a veces es bueno darse unas vacaciones del mundo 2.0 para volver a vivir el normal 1.0... aunque, la verdad, como va el mundo ya no se si el normal es el virtual o ese, donde uno sale a la calle, ve gente, suda y come.
Este año no comenzó del todo bien. Mis vacaciones fueron prorrogadas un poco más de lo que tenía pensado, por una situación familiar, una emergencia, que me hizo ausentarme de mi ciudad por un largo mes. En todo ese mes alcance a ver que, si ustedes creen que es difícil vivir en una ciudad, por ejemplo, donde se está solo, pues igual de difícil es hacerlo donde se tiene a toda la familia. Lamentablemente, en situaciones como las que he vivido a finales del año pasado y principios de este, uno se puede dar cuenta que a veces las familias no son lo que muestran en los tiempos cotidianos y rutinarios, sino por el contrario: las familias se dejan ver de forma transparente cuando ocurren accidentes o incidentes desafortunados donde se requiere la cooperación, el trabajo en equipo y sobre todo, los buenos sentimientos.
Es triste ver pocos son los miembros de la familia que pueden ser en realidad considerados como familia, y que a pocos les importa en realidad el ser humano que creció con ellos, que lo crió, el que compartió la niñez o sencillamente el que lleva su misma sangre. Siempre había oído que el dinero separaba a las familias, pero nunca imagine que pudiera hacerlo en una familia que "NO" tiene dinero en realidad.
Lamentable son todas situaciones, pero si algo me enseñó mi familia, y sobretodo mi madre, fue que a los problemas se les debe dar la cara, y cual guerrero Maori, mirarlos a los ojos con el rostro más aterrador que podamos tener; por más que el problema sea más grande que nosotros, el meollo es escalar hasta llegar a conquistarlo, sin importar cuanto tiempo se lleve y tratando de perder lo menos posible en el intento.
Amo a mi familia, pero a veces tanto amor suele ser muy fácil de decepcionar, de derrumbar.
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martes, 23 de noviembre de 2010
Como si no tuviéramos suficiente en el Fútbol
Desde hace algunos años -pocos para ser exactos, dentro una larga historia de nuestro fútbol- se ha venido notando un crecimiento en las fanaticadas y en su apoyo a los equipos de su preferencia; aumentó la asistencia a los estadios y se comenzó a plantear la creatividad de cada barra para aupar a su equipo de una forma diferente. Pero como siempre, los venezolanos tendemos a copiar todo lo que nos llega de afuera, y lamentablemente lo que más copiamos es lo malo, lo que menos nos hace falta.
El día domingo 21 de Noviembre del presente año, se suscitó un gran disturbio dentro del estadio olímpico de Caracas, en un juego entre el Caracas FC -acérrimo rival de mi equipo, el Táchira- y el Deportivo Petare; donde las fuerzas policiales arremetieron contra los fanáticos de forma salvaje y violenta, inclusive arrancando las sillas del estadio, patrimonio de la humanidad cabe destacar, para usarlas como proyectiles contra los asistentes al partido.
No tiendo a postear para hacer denuncias porque no es mi estilo, pero tengo que decir que como amante del fútbol en todas sus expresiones, repudio con asco las acciones de la policía contra los fanáticos, y quiero que eso quede claro; más aún cuando se trata de dañar de forma tan directa las instalaciones de tan prestigiosa e histórica institución como lo es el Olimpico Universitario de Caracas.
Sin embargo, también tengo que ser sincero y dedicarme, como siempre hago, a ver los dos puntos de vista. La policía arremete de forma desmedida contra los fanáticos, y tal cosa no debería ser, pero también es necesario abrir un poco más los ojos, y ver como las fanaticadas de mi país se han convertido en tribus de salvajes que creen que pagando la entrada están en el derecho de destruir y ensuciar el sano y verdadero fanatismo deportivo, cayendo muchas veces en la misma violencia contra los miembros de los equipos visitantes, los miembros de la prensa, las autoridades en el estadio y contra cualquier persona o cosa que se les atraviese en el camino.
Una vez más, algunos -porque no son todos- venezolanos volvemos a copiar la porquería que vemos en otros países porque tenemos la tendencia a pensar que "todo lo de afuera es cool", en vez de aprender de las cosas que se ven afuera y de las repercusiones que este tipo de cosas trae para los equipos de afuera, que también vale mencionar, son equipos de países que económicamente y profesionalmente pueden responder a estas consecuencias.
No digo que estas cosas no pasan en la tierra donde nací, porque tristemente y con mucha vergüenza debo admitir que la fanaticada de mi ciudad natal también cae en estos errores.
En un momento donde debemos construir sobre las bases que el fútbol venezolano nos está regalando con victorias, alegrías y esperanzas, los fanáticos nos dedicamos a destruir lo poco bonito que se ha hecho. A veces pienso que no sabemos ni quién somos, y que no tenemos ningún tipo de identidad propia como venezolanos; la hemos olvidado con las estupideces que copiamos de otros países por esa nueva tendencia de los jóvenes en que el más "cool" es el que más parece un "hooligan".
Aprendamos de las cosas buenas, alentemos a nuestro equipo sin enfrentar a los otros fanáticos en las salidas, salvemos las cosas buenas que vemos en los fanáticos de un clásico Madrid Barcelona, Manchester United y Chelsea o un Inter Milan, pero antes que nada, construyamos una identidad positiva a un fútbol que viene para ser grande, y necesita aficiones que también sean grandes.
Seamos "gente".

viernes, 19 de noviembre de 2010
Esas fueron mis navidades

Cuando llegamos al mes de Noviembre, se deja ver en la calle una contradicción gigante, cuando comenzamos a ver como las tiendas se llenan de adornos navideños a la venta. Hablo de contradicción refiriéndome al hecho de que, conozco muchísimas personas que, al preguntarles sobre la navidad, me responden que no les gustan, que prefieren cualquier otra época del año, que no les importan o que sencillamente no creen en ella porque es un "invento comercial", lo cual me parece cierto hasta cierto punto, y es que: ¿A qué ocasión especial el ser humano desde que hace historia en este mundo no le ha sacado algún provecho comercial?
La historia se repite una y otra vez cada año, pero no significa que dicha historia tenga que ser la misma experiencia todos los años, o por lo menos es la opinión de este humilde servidor.
Mis navidades, a pesar de las cosas malas que me pasaron durante el resto del año, siempre estuvieron gratamente llenas de momentos felices, aunque suene a cliché. Mis tradiciones, se pueden clasificar entre las ordinarias y muy mías, siendo ésto lo especial de estas fechas, individuales y diferentes para cada persona.
A pesar que todos compartimos ciertas tradiciones, las que yo más valoro son y siempre han sido las diferentes y fielmente mías; las que nadie se imagina que para una persona puedan representar una tradición navideña, como por ejemplo: Ver, como lo hacía mi mamá, la caravana de las rosas y luego el Rose Bowl, comiendo hallacas, pan de jamón y quesos, todos por supuesto sobras de la celebración del fin de año.
Nunca fui un alguien que saliera mucho a parques y esas actividades propias de exteriores para un niño normal; mi pasión y mi más grande afición era ver la televisión, ya que aprendí a estar solo desde muy pequeño; siendo hijo único, con padres que trabajan desde siempre, ésto se hace lógico. Al llegar las navidades, específicamente la noche buena y el fin de año, no es extraño que esto permaneciera igual, por lo que mi primera tradición durante estos días es ver, desde muy temprano en la mañana, acostado en mi cama, desayunando mi primera hallaca del día, con chocolate caliente, cualquier cantidad de películas y especiales navideños que se les antoje transmitir por televisión; sencillamente me encantan.
Claro está que esto último cambió un poco a medida que iba creciendo, ya que mientras se es un niño pequeño, no es imperativo que eches una mano en la preparación de todo para la celebración. A medida que me hacía mayor, el tiempo para cumplir con esta tradición se iba reduciendo más y más, pero aún así siempre tenía tiempo para disfrutar de mis horas de entretenimiento televisivo navideño envuelto en las sabanas.
Con todo esto, me he puesto a pensar estos últimos días pre-navideños, qué es lo que más me gusta de estas fechas, y la respuesta me viene muy fácil a la mente: Mi familia. Cuando era pequeño, mi abuelo y mi familia eran muy conocidos en la ciudad donde nací. Vivíamos en una casa gigante, y mi abuelo, aunque era una persona muy humilde y sencilla, le encantaba ofrecer grandes fiestas, donde todos eran bienvenidos a compartir con nosotros. Después que mi abuelo murió, la familia comenzó a desaparecer, y poco a poco se fue haciendo más pequeña; ahora, solo quedamos unas doce personas, cuando antes fuimos más de treinta.
Lo bonito es, que yo poco recuerdo de estas grandes fiestas, y crecí viendo como dichas celebraciones se hacían más pequeñas con el tiempo, hasta convertirse en íntimas reuniones donde los que quedamos, nos reunimos en casa de la abuelita, para disfrutar de la cena y la comida que a ella le da tanto orgullo preparar.
Creo que la navidad no debe ser vista como "la navidad", como algo comercial o como una excusa perfecta para "rumbear" hasta morir como cualquier día feriado antes de un fin de semana, sino como una época donde todo se conjuga para que las familias se reúnan, donde todos podamos celebrar hasta reventar en caso de que no lo hagamos normalmente, donde hagamos borrones y cuentas nuevas en nuestras vidas; y sí, puede que todo esto lo podamos hacer en cualquier momento del año, pero seamos sinceros: nunca lo hacemos, sino hasta que llega la navidad... así que hagámoslo.
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